El 28 de noviembre tuvo lugar la primera espicha de lo que, en aquel momento, nadie sabía muy bien en qué iba a convertirse. El lugar elegido fue La Puerta de Cimadevilla, en Oviedo, y lo que estaba previsto era simplemente eso: una espicha entre amigos.

La mayoría de la gente llegó pensando que sería una cena más, una reunión para comer, charlar y pasar un buen rato.

Pero pronto empezaron las sorpresas.

Nada más comenzar la espicha, aparecieron de forma inesperada pulseras y pegatinas de Espichó la Güela, que se repartieron entre los asistentes. Un pequeño detalle que ya empezaba a darle identidad a aquello que, hasta ese momento, no era más que una quedada.

La espicha fue avanzando entre conversaciones, risas y gente que, aunque venía de distintos grupos, pronto empezó a mezclarse como si se conocieran de siempre.

Pero la mayor sorpresa de la noche todavía estaba por llegar.

Cuando la espicha se acercaba a su final, hizo su aparición la propia Güela, en persona… o al menos en espíritu. Mediante disfraz, la auténtica protagonista de todo esto apareció entre los asistentes provocando risas, fotos y algún momento de caos.

Eso sí, la puesta en escena no estuvo exenta de riesgos: casi cae por las escaleras y por poco se afuega dentro de aquella máscara infernal. Pero sobrevivió, que al final es lo importante.

Con la espicha terminada, muchos pensaban que la noche había llegado a su fin. Pero todavía quedaba una última sorpresa.

Gracias a una eficaz gestión de Chimy, se consiguió que nos abrieran la parte de abajo de la discoteca Metrópoli, donde apareció un reservado sorpresa para continuar la noche.

Y fue allí, ya con la espicha terminada y la noche avanzando, cuando empezó a surgir una sensación que nadie había planeado del todo.

La idea de que aquello no había sido solo una cena.

Que tal vez la Güela no se quedaría en una única espicha.

Que quizás aquello podía convertirse en algo más.

Con el tiempo se vería que aquella intuición no iba desencaminada.

Porque al final todo empezó así.

Con una cena entre amigos.

Y con una frase que, desde entonces, ya lo explica todo:

Éramos pocos… y espichó la Güela. 🍏


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