
Después de la primera espicha hubo una cosa que quedó bastante clara: esto había que repetirlo.
Lo que empezó como un plan sencillo entre amigos terminó siendo una noche de sidra, comida y buen ambiente donde diferentes grupos acabaron mezclándose como si se conocieran de toda la vida.
Así que la pregunta no era si habría otra espicha…
la pregunta era cuándo sería la siguiente.
Tras comentar la idea entre la gente que había estado en la primera, empezamos a mover la segunda edición de “Éramos pocos… y espichó la güela” con la misma filosofía con la que nació todo: juntar gente, escanciar sidra y pasar un buen rato.
Sin complicaciones.
La Güela volvía.
Y aunque el plan seguía siendo el mismo de siempre, había algo que ya se empezaba a notar: la espicha iba creciendo.
Más gente preguntando cuándo sería la siguiente, amigos que se querían sumar y esa sensación de que aquello que empezó como una espicha entre conocidos empezaba a convertirse en algo más.
Pero sin perder nunca la esencia.
Porque al final la Güela sigue siendo exactamente eso:
una espicha entre amigos… que se fue un poco de las manos. 🍏

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